La globalización es un proceso de interconexión económica,
social, política y cultural que está acelerado por la facilidad de las
comunicaciones y especialmente en el avance de las nuevas tecnologías de
información y comunicación.
En la Argentina se pudo ver el impacto de la globalización
en el ámbito económico centrado en las ganancias. El resultado de ello fue una
gran crisis, con privatizaciones, despojo de bienes nacionales, cierre de
pequeñas y medianas empresas, precarización del trabajo, una marcada
desocupación y pobreza para la mayoría de la población mientras que para una
minoría marcada por la corrupción se dieron enormes ingresos económicos.
Durante la década de los 90 en Argentina se adoptaron
políticas orientadas la integración de la economía mundial. Entre ellas en
Consenso de Washington que consistía en un conjunto de medidas de disciplina
fiscal, apertura comercial, desregulación y liberación de inversión extranjera
directa, todas las medidas impuestas por el Fondo Monetario Internacional
fueron acatadas al pie de la letra por Argentina y fue calificado como “el
mejor alumno” por el FMI.
A nivel económico, la incorporación de la globalización ha
sido perjudicial para los asalariados. Generando la pérdida de sus ingresos y
un aumento notorio de la desocupación. En cuanto al Estado, se ha ido
empobreciendo y fue el FMI el que intentó poner orden en base a sus propios
criterios, lo que generó más pobreza y dependencia al exterior.
Las medidas que implementó Argentina desfavorecían a sus
habitantes. Se desvalorizó el trabajo nacional priorizándose el comercio
extranjero, se desreguló el salario dejándolo a criterio de las empresas
foráneas y se permitió que las empresas que ingresaban al país pusieran sus propias
reglas.
Por otro lado, quizás la única medida apropiada, fue la
privatización de algunas empresas. Ya que había un déficit a nivel público,
siendo dificultoso para el Estado hacerse cargo de su funcionamiento y por ello se produjo la entrega de la
concesión, aunque estas deberían haber sido controladas o presentar un plazo de
vencimiento a la privatización hasta que se recupere el orden estatal.
La globalización por sí sola no es mala, todo depende de las
intenciones y acciones que se realicen. En Argentina se sufrió una
globalización despiadada, donde se impusieron políticas económicas dictadas
desde las naciones más poderosas, se especulaba con ganar dinero en lugar de
aumentar la producción, se implantó una mentalidad individualista y aumentó el consumismo
sin tener en cuenta que gran parte de la sociedad no podía satisfacer sus
necesidades básicas.
Debido a la “ayuda”
impartida por el FMI se obtuvo la deuda externa. Esta tuvo origen en 1822
cuando la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sanciona en
1822 una ley que facultaba al gobierno a "negociar, dentro o fuera del
país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real".
Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la
construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la
nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos
Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además debía dotarse de agua corriente
a la ciudad de Buenos Aires.
La deuda externa ha sido un tema fundamental de todos los
gobiernos y también motivo de crisis institucionales. Corrieron los años, se
trataron de implementar medidas para sanear la deuda pero al contrario
solamente se logró incrementarla
El 3 de enero de 2006, durante la presidencia de Néstor
Kirchner, la Argentina dejó de tener deudas con el FMI y las reservas del Banco
Central se recuperaron. Aunque aún presenta una gran deuda, no con países
extranjeros sino a nivel nacional, una deuda interna. Además hay que tener en
cuenta que la globalización debe ser una herramienta al servicio del hombre y
que no significa renunciar a los controles de la economía que debe ejercer una
nación soberana.

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