Se ha instalado en la sociedad, que un día en los años 70,
"un grupo de militares locos se levantó con ganas de matar gente al
azar" y a partir de ese momento se ha tergiversado la verdad. Llegando al
punto de ocultar “la otra cara de la historia”, una historia que no se enseña
en las escuelas y que no permite ejercer la libertad de elegir a quien y en que
creer.
Sus nombres no figuran en museos ni parques de la memoria, ni
en los libros escolares. Más de 18.000 víctimas del terrorismo han
sido invisibles para buena parte de la sociedad, para las cuales no hay ninguna
reparación. Para ellas no hay memoria, ni justicia, ni verdad, sólo orfandad
de derechos humanos, en un país donde esos derechos parecen ser únicamente
los de quienes integraron organizaciones terroristas.
Explosiones, balas, miedo e incertidumbre se adueñaron
de la Argentina en 1976 cuando en sus calles se dio lugar a la guerra. Un
conflicto en el que participaron por un lado las Fuerzas Armadas Argentinas y
por el otro la guerrilla (encabezadas por Montoneros y el Ejército
revolucionario del pueblo).
En tanto los integrantes de la guerrilla son tratados como
las únicas víctimas por el Estado, las victimas del “otro lado” son
desaparecidas de la memoria, sus viudas e hijos no reciben ayuda ni
reconocimiento por parte del Gobierno. No todos los integrantes de la guerrilla
fueron asesinos, pero así tampoco lo fueron todos los militares, y esto es lo
que expresa la teoría de los dos demonios.
¿Quiénes son realmente las víctimas? Sus vidas, sus bienes y
sus oportunidades de futuro fueron seriamente dañadas por perpetradores que conscientemente
las sacrificaron como un medio para la obtención de sus fines políticos. Su sufrimiento
las iguala y las aglutina, sin importar las diferencias de origen de sus
victimarios.
Para entender quienes son realmente los perjudicados, hay que
tener en cuenta algunas consideraciones a partir de las características
de quienes infringieron el daño: Cuando se trata de un conflicto armado, como
el que se dio en Argentina en los 70, donde los ejércitos revolucionarios
plantearon la toma del poder por medio de la lucha armada y debido a la
magnitud de las acciones se requiere la presencia de las Fuerzas Armadas y
corresponde aplicar el Derecho de la Guerra, denominándose a las víctimas como
víctimas del conflicto armado, aunque hayan sido el resultado de un atentado
terrorista.
Cuando dos ejércitos se enfrentan, ambos deben respetar las
reglas de la guerra. Existe un acuerdo en la comunidad internacional para
entender que víctima es toda persona que haya sufrido daños ya sea individual o
colectivamente, incluidas lesiones físicas o mentales, pérdidas económicas como
consecuencia de acciones u omisiones que constituyan una violación manifiesta
de las normas del Derecho Internacional Humanitario.
También, siempre y cuando corresponda, el término víctima
comprenderá a la familia inmediata o las personas a cargo de la víctima
directa, en base a la Resolución 60/147 de la Asamblea General de Naciones
Unidas, dictada el 16 de Diciembre de 2005.
Las personas unidas por el dolor y los daños causados a sus
vidas por acción de un conflicto armado comparten el mismo origen y, como
integrantes de la población civil, son los que tanto en tiempo de paz como de
guerra tienen que ser protegidos de los ataques terroristas. Pero en la
Argentina esto no parece ser posible, los más de 18000 asesinados en manos
subversivas, incluidos entre ellos bebes, niños y mucha gente inocente, quedan
en el olvido y sus familias no son consideradas como víctimas de esta
situación, dejando trunca la posibilidad de sanar una herida, de presentar la
historia completa para que los niños en un futuro puedan decidir de qué lado
quieren estar.
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| Nilda Garre ,ex ministra de seguridad |
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